Ecos del Duat empezó como una libreta. Alex Borda llevaba años bajando a sótanos de Bogotá con una cámara prestada y salía de cada toque con tres páginas de apuntes que no iban a ninguna parte: nombres de bandas que nadie había escrito todavía, sonidos que no aparecían en ninguna lista, carteles fotocopiados que al día siguiente ya estaban tapados por otro.
El nombre salió de ahí. El Duat es el inframundo egipcio, el sitio por donde pasa el sol cuando es de noche: no es el final, es la parte del recorrido que no se ve. Y eso era exactamente la escena extrema colombiana — enorme, viva y sucediendo entera en horarios y lugares donde ningún medio se asomaba.
Las primeras reseñas se publicaron donde se pudo: un grupo de Facebook, luego un blog gratuito que se caía cada dos semanas. Lo que cambió las cosas no fue el alcance, fue el teléfono: las bandas empezaron a escribir primero. Vamos a sacar disco, ¿lo reseñan? Y después los sellos, y después los festivales con acreditación de prensa. Un medio deja de ser un blog el día en que alguien lo necesita.
Hoy somos un equipo pequeño que cubre lanzamientos, conciertos y lo que pasa alrededor: la plata que no llega, los escenarios que cierran, los festivales que se llenan. Publicamos reseñas, comunicados de prensa, opiniones y registro fotográfico de cada noche que alcanzamos a cubrir, y todo queda firmado y fechado, para que en diez años se pueda volver a buscar.